miércoles, 13 de abril de 2011

hechos y opiniones

HECHOS  

 Presidenciales 2011, Jurado Nacional de Elecciones, Segunda vuelta, Voto informado
fuente : el comercio
El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) organizará dos debates para la segunda vuelta electoral: uno entre los candidatos presidenciales Ollanta Humala y Keiko Fujimori y otro entre los equipos de plan de gobierno de Gana Perú y Fuerza 2011.
Los funcionarios del programa “Voto Informado” se reunirán en los próximos días con representantes de las organizaciones políticas para establecer la metodología y los temas que se expondrán en el debate presidencial, así como la fecha y lugar de realización.
Según indicó el JNE, el debate programático responde a una demanda de la ciudadanía por conocer los programas y planes de gobierno de las agrupaciones políticas en los aspectos de fomento de la inversión y mejoramiento de los servicios en educación, salud y seguridad ciudadana.
Las organizaciones políticas suscribieron el año pasado el Pacto Ético Electoral y se comprometieron públicamente a participar en los debates electorales promovidos por el JNE.

    OPINIONES


    FUENTE : La Republica

    EL PERU NO DEBE  PARAR

    Una visión optimista para un resultado desconcertante.
    Es comprensible que el resultado electoral de ayer, que puso a Ollanta Humala y a Keiko Fujimori en la segunda vuelta, produzca frustración y decepción en un sector importante de la población que, por distintos motivos, siente que lo han puesto en la encrucijada de un callejón oscuro en el que debe elegir entre dos opciones que le producen temor, incertidumbre y preocupación.
    En el caso de Humala, porque, a pesar de la importante votación que obtuvo ayer, no ha logrado despejar la duda por el respeto que su eventual gobierno pueda tener por las libertades democráticas básicas –como, por ejemplo, la de expresión– o por las bases de un manejo económico que sea prudente y sensato, lo cual es indispensable –pero no suficiente– para mejorar la calidad de vida de la población.
    En el caso de Keiko Fujimori, el desagrado de un sector significativo de la población debido a su pase a la segunda vuelta se justifica por la falta de una autocrítica clara y sin titubeos por los graves delitos cometidos durante los años noventa –corrupción enorme y violación de derechos humanos incluyendo el asesinato–, así como por la inclusión en las listas de candidatos de personas que no muestran la menor señal de autocrítica.
    Así las cosas, hay justificación para la decepción que el resultado electoral de ayer pueda producir en un sector de la población cuyo tamaño no es deleznable.
    Sin embargo, ese fue el resultado y un fundamento de un sistema democrático en el que las votaciones se respetan, nos gusten o no, por lo que no cabe más que apostar y, en la medida de lo posible, influir, para generar respuestas y compromisos por parte de las dos fuerzas políticas que han pasado a la segunda vuelta para levantar las dudas, temores y preocupaciones que hoy todavía producen.
    En este sentido, la campaña de la segunda vuelta puede ser un periodo en el que el país se polarice peligrosamente, o uno en el que el fujimorismo ofrezca pruebas reales que aseguren que no volverá a cometer los delitos de los años noventa, integrándose mejor a la articulación democrática; y en el que el partido de Ollanta Humala ofrezca señales contundentes de que su paso por el gobierno será –como lo ha hecho el socialismo chileno o el PT de Lula– un avance notable en las condiciones económicas y sociales del país.
    La cancha está rayada. Ojalá que las próximas semanas en las que se dispute la segunda vuelta sean un periodo propicio y positivo para avanzar en esa dirección, en lugar de volverse un polvorín, en una batalla campal, que no va a beneficiar a nadie, empezando por los más pobres.